jueves, 13 de febrero de 2014


POEMAS SALTEADOS





MUCHACHA CUASI ASIATICA 

Abrazo el pecado, muchacha
desnudo sobre las sabanas, siento.
Debajo: a veces estremeces 
tu bandana contra mi morado.

Acojo tus quejidos: Íntegros en mis brazos,
se escapan más allá de las cortinas.

Es nuestro tiempo un muro
que obsesiona el ritmo.
A solas
revisaras tu espacio
mientras el agua cae sobre ti,
buscándome.
Pero solo eres una luna
que conmueve en primavera.






ANOTACIONES

La seguridad del lenguaje
por elección observar
las distancias       singularidades de la idea
el tiempo como una sonatina
cantada en  cada una de sus notas
evitar la cuita un cambio único
en su significado    evocar ese aire
tonto que nos ignora.
La inseguridad del lenguaje convertido
en idioma   argumentar una y otra

acentuación del vértigo.




A AUDRE LORDE

…and your night comes down upon me
like a nurturing rain.
Abrazaría en mi espacio las notas ahogadas
desafinas mis sentidos, eres una picada de mosquito 
insolente, áspera en mi codo. 
Pero mi mano busca dentro de ti, donde acomodare
mis hijos en ese vientre, oscuro y húmedo lugar
para atrofiar mi espacio, busco un lugar ahí
donde poner mi cabeza, tus senos ya fueron…
adolorida cambiaste el ritmo, la marcha de las caderas
las manchas de hollín en mi mano libre dibujan arabescos
en tu espalda: and your night comes down upon me
like a nurturing rain.





UNA ORACION PARA UN DIFUNTO

De Leon Bloy recuerdo su temor por el pecado,
la limpidez, del pecado solo el placer por lo innombrable.
Lo que descubro de mí en todos los rincones
me trae sueños  ya olvidados,   la niñez y la adolescencia
bajo una especie de proceso de  iluminación.

No he escrito un solo poema que parezca un poema
pero he pecado de tanto en tanto
que recuerdo el hambre de Leon Bloy
y sus manos asustadizas limpiando las lagrimas

del rostro de su esposa difunta.

martes, 11 de febrero de 2014

VARIOS POEMAS DEL CUADERNO UNA BIOGRAFIA PARA MADAEM SOSOSTRIS



 A SEAMUS HEANEY.

La máquina golpea entre la nieve
una piedra hacia el vacío.
Los cristales del auto a solas con la ventisca
entre los caminos y los molinos de viento.

Lejana
la sombra de una nube

sobre la hierba queda.




OTRA PLEGARIA PARA LOS NO MARINOS

Jacintos,
ademanes de mar
aires lejanos
que se pegan al rostro.
Bailas en la arena
como quien reza un sutra japonés
las olas como viajeros
cansados, se tienden
entre tus dedos de sal.
Jacintos, vuelan sobre el arrecife.



ESTA ES SU CARTA, EL MARINERO FENICIO AHOGADO

Madame Sosostris,
no se preocupe esta tarde como de costumbre
corro lejos de los barcos
 el mar es una ecuación difícil.
 Desde estos lugares cálidos
los autobuses vienen y van sobre las interminables
líneas del asfalto.
Quiero en mi próxima vida que las luces de neón sean solo verdes
como aquellos carteles en Saigón de donde se fue dios con las manos
temblorosas en el rostro.
Bombay dos mil ocho  casi dos mil nueve
y viene la sal a pegarse como si
fuese el marinero fenicio que se quedo
en la superficie de sus cartas.
 
Escapo  de sus tierras para surcar este desierto
tras  una que otra bocanada de opio
pasar la fiebre más acá  de los arrecifes
donde he visto hombres desvirgar las ostras
solo para quedarse las perlas.



UN RECORRIDO

Encerradas en una caja la suciedad y unas uvas
en el rigor de la mudez    el recorrido de la vista
confluye en el ritmo    acomodados en un orden absurdo
el dependiente desconoce esa música que escapa
cutre de la oquedad del cansancio    a destiempo la muerte
 las nubes que asombran las silabas de los charcos
tejido ahí el tiempo en un recuerdo
una huella  sobre otra huella
y otra que atrapa la calma.
El final que alumbra la suciedad y la forma.