A CONTRA LUZ
Desde mi cabeza soy
Dios. Siempre que salgo por ese camino, se las cosas que van a pasar. Cuando
niño, siempre escape de las trampas y las bromas pesadas. Cuando me acuesto a
dormir, siento que me levanto de la cama o que mi cuerpo se va transformando en
objetos que desconozco. Nunca he entendido en que. He viajado a lugares
desconocidos en sueños y la palabra precisa nunca ha faltado para ayudar a
amigos o desconocidos, la vieja Consolación se sacó un billete de lotería
porque dice ella, que yo le dije los tres números, no lo recuerdo. Desconozco
los motivos pero en mi cabeza, soy Dios. Una vez de tantas veces me llevaron a
casa de un brujo y este me dijo que yo era cagüeiro[1].
Me mataron un chivo arriba y el baño de sangre me dio tanto sueño que estuve
durmiendo tres días. Fueron días duros
para mí, sentí que comprendía lo que hablaban los animales. Muchas voces
distintas y sombras errantes me rondaban en un constante asedio. Por eso me fui
de casa y vivo aquí en el monte, los arboles me mantienen en un ritmo placido.
Siento el llamado de la vegetación, voces de colores que arrullan con su canto
mi oído.
Hoy amanecí con una
desesperación que no puedo controlar, todos los olores a hembra me alborotan. ¿Sentirá
Dios estas cosas? ¿Acaso el mundo, su energía, esto que soy tan puro necesita estos
deseos de morder y de gritar? Me toco el cuerpo y siento una fiebre que me
inunda. Mi cuerpo comienza a cambiar, en la bajada del rio hay un venado
hembra. No puedo controlar el cambio, estoy en el suelo temblando. El dolor es
soportable al lado de estos deseos insanos. Mi visión cambio, todo lo veo
distinto es como si los olores y el aire fueran más intensos. Corro de prisa, a
esta velocidad podría partir el viento. Esperame,
ya voy, casi te alcanzo. Grito y no es mi voz es un llamado diferente. Un
sonido que arrastra mi furia hasta el oído de ella. Sabe que estoy ahí, que voy
en camino y me espera. Tengo brisa y fuego dentro, una sola necesidad.
Nos miramos, sentimos uno frente al otro como
si nos conociéramos de otros tiempos. Ella sabe que soy, no le importa. Sus
ojos muerden la luz con brillo. Noche intensa de la que no puedo escapar. Nos
miramos, sabemos que en el olor del otro se esconde el misterio de los tiempos.
La necesidad inextinguible de aparearnos y convertirnos uno en el cuerpo del
otro. La huelo en sus partes, huele rico, a carne, a sangre, a celo. Siento
como late la sangre en ella, la monto con fuerza. La aguanto duro, mis pesuñas
se resbalan con su piel y es un olor que hace que quiera seguir con más fuerza.
Es un tiempo breve. Mi cuerpo es un ras de mar, impacto dentro de ella y su
cuerpo arrecife resiste. Se estremece. Es maravilloso ser Dios. No lo sentimos
llegar, nunca pude imaginar que terminaría así. Un disparo. Caigo al suelo, me
ha fallado mi omnipresencia, aun así eyaculo. La veo salir corriendo,
ensangrentada y con miedo. Se detiene. Mira hacia atrás, quiere volver. No te quedes, corre, huye has del tiempo una
exhalación.
Mi cuerpo comienza
a cambiar, podrá morir Dios. Acaso esta es una burla, el castigo a mi
arrogancia. Dios ha muerto. Grito.
Aun soy un venado. El bramar de mi
garganta se escurre entre los árboles. Mi transformación se acelera, dejo de
sentir mi cuerpo físico. Me vuelvo para mirar al cazador. No alcanzo a verlo
desde esta perspectiva. Mi cuerpo se ha transformado en un halo de luz.
[1] Hombre con la habilidad mística de cambiar de forma, se dice cambian
su forma en árboles o animales.
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